Extractivismo y las mujeres invisibles de la psicodelia
- La mitad del trip que falta
- ¿Qué es el extractivismo epistemológico?
- El canon masculino y el borrado de lo femenino
- Pioneras del conocimiento psicodélico
- María Sabina: la sabia mazateca
- Valentina Pavlovna Wasson: la madre olvidada de la micología psicodélica
- Ann Shulgin: la terapeuta del alma
- Laura Archera Huxley: la psicodelia relacional
- Marlene Dobkin de Ríos: la antropóloga del ayahuasca
- Mila Jansen: la Hash Queen
- Mary Barnard: la teobotánica y la poesía
- El poder del lenguaje: ¿Psicodélico o Enteógeno?
- La ética del cuidado como marco antiextractivista
- Hacia una psicodelia ética e inclusiva
- Créditos y procedencia
Artículo basado en la reflexión central de la ponencia "De-colonizar la Ciencia Psicodélica", impartida por la Dra. Pierangela Contini en las Jornadas Microdosis & Transformación 2025.
La mitad del trip que falta
Cada viaje tiene dos mitades: la visible y la que sostiene el misterio. La historia de la psicodelia no es diferente.
En las últimas décadas, el llamado renacimiento psicodélico ha devuelto a la conversación pública temas antes prohibidos: terapias con psilocibina, microdosis, ensayos clínicos, startups que prometen "curar la mente". Pero mientras los titulares celebran los avances científicos, muchas de las voces que los hicieron posibles siguen en silencio.
Las mujeres han desempeñado roles cruciales, a menudo invisibilizados, en el cuidado, el acompañamiento, la traducción y la preservación de los saberes psicodélicos. Su contribución ha sido frecuentemente omitida en los registros de los "descubrimientos", un patrón que se alinea con una forma de extractivismo que transforma la experiencia viva en datos, los rituales en protocolos y las plantas ancestrales en moléculas patentables.
Nombrarlas no es solo una cuestión de justicia histórica. Es un paso necesario para descolonizar la conciencia y reconocer que el conocimiento, también, puede ser una forma de poder.
¿Qué es el extractivismo epistemológico?
Es una forma de dominio sutil donde un sistema de conocimiento (generalmente el occidental/científico) se apropia, traduce y descontextualiza saberes, prácticas y experiencias generadas por otras culturas (p. ej., pueblos indígenas, mujeres, comunidades marginales). El conocimiento es extraído, reinterpretado, validado solo a través de la lente occidental, y a menudo, mercantilizado, sin ofrecer reciprocidad ni reconocimiento a sus fuentes originales.
El canon masculino y el borrado de lo femenino
La narrativa histórica sobre la ciencia psicodélica ha sido dominada, casi desde sus inicios, por voces masculinas. Albert Hofmann, Gordon Wasson, Terence McKenna, Aldous Huxley, Timothy Leary, Alexander Shulgin… todos hombres, todos celebrados como pioneros de una revolución mental que, sin embargo, heredó los sesgos del colonialismo y del patriarcado.
Durante siglos, los saberes asociados a lo femenino —como las prácticas de herbolarias, curanderas y sanadoras— han sido perseguidos. Este borrado tiene un precedente histórico documentado en la brutal persecución de la "caza de brujas" en la Europa moderna temprana, que no solo fue un acto de fanatismo, sino la destrucción sistemática del canon femenino de conocimiento sobre plantas y medicina. Este control sobre los cuerpos y las sustancias remite al concepto de colonialidad, el cual impone una única visión del mundo como universal y determina qué conocimientos son legítimos y cuáles quedan excluidos.
Esta perspectiva nos invita a reconocer que la colonialidad no es solo algo que se impuso a otros continentes, sino un proceso que también ocurrió dentro de las propias fronteras de Occidente. Antes de colonizar América, el sistema hegemónico colonizó su propio pasado: la persecución de las "brujas" fue el acto fundacional que despojó también a las mujeres del Norte Global de sus saberes ancestrales, cortando nuestro propio vínculo espiritual con la tierra y convirtiendo la medicina en un terreno exclusivo del poder masculino.
Las mujeres psicodélicas encarnan esa resistencia: el cuerpo como archivo, la palabra como medicina y el cuidado como forma de conocimiento.
Pioneras del conocimiento psicodélico
El canon masculino impuso una única lente, pero las mujeres psicodélicas conservaron la profundidad invisible: fueron memoria viva de una sabiduría que la historia quiso callar. Las pioneras que nombramos a continuación no son solo nombres olvidados, sino la encarnación de esa ética que sostuvo una historia honesta y compleja donde ciencia, cuerpo y espíritu pueden dialogar en igualdad.
María Sabina: la sabia mazateca
En 1955, María Sabina, curandera mazateca de Huautla de Jiménez, ofreció una velada con los niños santos a los visitantes Valentina y Gordon Wasson. Aquella noche marcó el inicio del encuentro entre dos mundos: el conocimiento indígena y la curiosidad occidental. Para Occidente, fue el "descubrimiento" de la psilocibina. Para su comunidad, el comienzo de una herida.
Tras la visita de los Wasson, el conocimiento de María Sabina fue extraído, comercializado y reinterpretado, a menudo sin el contexto ritual. Para su comunidad, este acto supuso el inicio de una violencia colonial y la ruptura de su tejido social. La difusión de su historia resultó en una invasión de su territorio por turistas y curiosos, y ella terminó siendo ostracizada por su propia gente por "revelar el secreto sagrado". Su legado es un poderoso testimonio de la necesidad de reciprocidad y reparación epistémica, y una denuncia frontal de las consecuencias devastadoras del extractivismo cultural y la apropiación de saberes ancestrales sin el debido reconocimiento.
Valentina Pavlovna Wasson: la madre olvidada de la micología psicodélica
Pediatra rusa y apasionada de la micología, Valentina Wasson fue la verdadera impulsora de la búsqueda de los hongos sagrados. Fue ella —y no su esposo— quien tomó la iniciativa de escribir a los misioneros en México para localizarlos. Lejos de ser una mera acompañante, documentó su propia vivencia en el artículo "I Ate the Sacred Mushroom", publicado en paralelo a la famosa crónica de su marido.
Su intuición la llevó a acuñar los conceptos de "micofilia" y "micofobia", sugiriendo que el miedo occidental a los hongos reflejaba en realidad un miedo a lo irracional, a lo femenino y al misterio de la naturaleza. Aunque fue la pluma principal del libro seminal Mushrooms, Russia, and History, tras su fallecimiento su contribución quedó eclipsada por la figura de Gordon Wasson. Gracias al esfuerzo de investigadoras actuales, hoy se recupera su lugar como la madre fundadora de la micología psicodélica occidental.
Ann Shulgin: la terapeuta del alma
Ann Shulgin (1931–2022) vivió en el corazón de la alquimia psicodélica. Junto a su esposo, Alexander "Sasha" Shulgin, exploró las posibilidades terapéuticas del MDMA y de otras fenetilaminas, en una época en que el prohibicionismo empujaba estas prácticas a la clandestinidad.
Pero su aporte no fue químico, sino simbólico: Ann creó un lenguaje profundamente femenino para describir los viajes interiores. Hablaba de parto, de sombra, de entrega. Para ella, el 'trip' era un proceso de transformación, afirmando que "cada viaje es un parto" y que la sanación real proviene de "el encuentro con la Sombra". Su obra (especialmente PiHKAL, escrito con Sasha) aportó un lenguaje simbólico centrado en el cuerpo y la transformación, y fue fundamental para introducir la conversación sobre la integración del proceso psicodélico, trascendiendo la mera sustancia.
Laura Archera Huxley: la psicodelia relacional
Violinista, psicóloga y escritora, Laura Archera Huxley desafió el destino de ser “la esposa de”. Tras casarse con Aldous Huxley, se convirtió en su compañera de experimentación y, en un gesto de amor y conciencia, le administró LSD en 1963 para acompañarlo "dulcemente en la muerte".
Laura defendía una psicodelia ética y humanista, orientada al crecimiento interior y la responsabilidad emocional. En su libro You Are Not the Target propuso un modelo de autoterapia que combinaba ciencia y espiritualidad, cuerpo y mente. Su figura es clave por haber propuesto un enfoque psicológico y relacional en la reflexión psicodélica occidental, siendo una de las primeras voces femeninas en hacerlo.
Marlene Dobkin de Ríos: la antropóloga del ayahuasca
Nacida en el Bronx, Marlene Dobkin de Ríos fue una de las primeras antropólogas en estudiar sistemáticamente el uso tradicional del ayahuasca entre los Shipibo y mestizos del Perú. En su obra pionera Visionary Vine (1972), analizó la ayahuasca no como una "droga," sino como un instrumento social, terapéutico y de conocimiento, inseparable de su contexto cultural.
Más tarde, analizó el uso de sustancias en los barrios pobres de Estados Unidos. Aplicó su análisis del Amazonas a Occidente, entendiendo que el uso disfuncional de sustancias en contextos de pobreza era una respuesta a la "desigualdad estructural" y no una patología individual. Su postura era que la sustancia no era el problema, sino el contexto social que generaba ese comportamiento. Su trabajo trasladó el foco del ritual al análisis de la injusticia social.
Mila Jansen: la Hash Queen
Artista, viajera e inventora, Mila Jansen (1944) cambió para siempre la cultura del cannabis. Tras vivir en India aprendiendo a elaborar charas de forma artesanal, regresó a Ámsterdam. Fundó Pollinator Company e inventó el Pollinator, una máquina revolucionaria que permitía separar los tricomas de la planta de cannabis mediante un método mecánico en seco.
Al democratizar el acceso al hachís artesanal, se convirtió en una activista y pionera feminista que defendió el uso del cannabis como una herramienta de libertad y creatividad. En un mundo dominado por hombres, Mila introdujo humor, intuición y oficio. Su vida es también un manifiesto sobre el derecho a explorar sin pedir permiso.
Mary Barnard: la teobotánica y la poesía
Poetisa y experta en mitología, Mary Barnard (1909–2001) acuñó el término "teobotánica" en los años 60, definiéndolo como el estudio de las plantas sagradas como vehículos para una experiencia espiritual.
En su ensayo The God in the Flowerpot, conectó mitología, arte y neuroquímica mucho antes de que la ciencia psicodélica renaciera. Su visión proponía una forma de conocimiento poético: la palabra como puente entre lo visible y lo invisible. Su profecía de 1963 sobre cómo los "teobotánicos" transformarían las teorías sobre los orígenes de la mitología no ha sido desmentida.
El poder del lenguaje: ¿Psicodélico o Enteógeno?
El lenguaje es una frontera, pero también puede ser un portal. Durante siglos, ha servido para jerarquizar el conocimiento: lo racional sobre lo intuitivo, lo científico sobre lo espiritual, lo masculino sobre lo femenino.
En el ámbito psicodélico, las palabras que usamos no son neutras. La palabra "psicodélico", acuñada por Humphry Osmond en 1956, deriva del griego psykhé y dêlos para significar "lo que manifiesta la mente". Este término, nacido en el mundo anglosajón, ya refleja una perspectiva individual y psíquica de la experiencia.
Como reacción a esta visión, en 1979, estudiosos como Gordon Wasson y Jonathan Ott acuñaron el término "enteógeno", que significa "lo que genera lo divino dentro" y fue concebido para recuperar la dimensión sagrada, ceremonial y comunitaria que Occidente había ignorado. Elegir entre uno y otro es un acto político.
Por eso, las nuevas voces —muchas de ellas femeninas y decoloniales— están reinventando el lenguaje para recuperar el cuerpo, el cuidado y el sentido de comunidad. Adoptar un vocabulario más consciente —como hablar de "aprendizaje" en lugar de "mal viaje," o cuestionar términos como "salud", "cura o psicosis"— es un acto de interrogar las palabras para usarlas como herramientas de liberación.
Un ejemplo paradigmático de esta tensión es el concepto de "mal viaje" (bad trip). Mientras la medicina clínica lo clasifica como un "efecto adverso" o un fallo del tratamiento que debe ser evitado o suprimido, en los contextos rituales y tradicionales esta experiencia difícil suele entenderse como una purga, una confrontación con la sombra o una enseñanza necesaria. Lo que la ciencia patologiza como un error a controlar, las sabidurías ancestrales lo integran como una parte vital del proceso: el dolor no es siempre un síntoma a eliminar, sino a veces una puerta que atravesar.
"Nombrar es devolver sentido; cuidar, descolonizar el saber."
La ética del cuidado como marco antiextractivista
Frente a esta lógica extractiva —que toma, clasifica y se apropia sin devolver nada— las feministas Carol Gilligan y Joan Tronto propusieron otro marco: la ética del cuidado.
Este enfoque sostiene que la moral no se basa únicamente en la autonomía individual o en reglas universales, sino en la interdependencia, la empatía y la responsabilidad hacia las necesidades de los otros.
En el ámbito psicodélico, pensar desde la ética del cuidado implica desplazar la mirada del experimento hacia la relación; del dato aislado, hacia el cuerpo y la comunidad; de la extracción, hacia la reciprocidad.
A modo de contraste, estos principios ilustran ese cambio de paradigma:
Responsabilidad relacional
Comprender la sanación como un proceso vincular —con una misma, con la comunidad, con la Tierra— y no solo como un fenómeno neuroquímico.
Contraste: rompe con la visión reduccionista del "trip" como dato o molécula.
Atención y reciprocidad
Escuchar las voces marginadas, reconocer los saberes indígenas y garantizar que los beneficios retornen a sus comunidades.
Contraste: denuncia la apropiación cultural de figuras como María Sabina o de tradiciones amazónicas.
Competencia cuidadora
Atender el set, el setting y la integración emocional, tal y como defendía Ann Shulgin.
Contraste: se opone a la lógica de "administrar sustancia = curación".
Salud como vínculo, no como rendimiento
Desafiar la visión de la salud mental entendida como mera funcionalidad productiva para abrazar el bienestar como la capacidad de "respirar distinto", de estar presente y de sostener los afectos.
Contraste: cuestiona el modelo capitalista que valora la curación solo si permite volver al trabajo, ignorando la dimensión existencial.
Esto no es una abstracción teórica, sino una urgencia práctica: se traduce en cómo se diseñan hoy los ensayos clínicos, en quién decide los protocolos de integración y en la creación de espacios clínicos menos jerárquicos.
Como señala Tronto, "cuidar es atender la vida en todas sus dimensiones".
La ética del cuidado ofrece, así, un marco para pasar de la medicina como dominio sobre el síntoma a la medicina como arte de sostener el vínculo.
Hacia una psicodelia ética e inclusiva
Recuperar estas voces no solo corrige una omisión histórica; redefine lo que entendemos por conocimiento. En el viaje psicodélico, la ética del cuidado no es la orilla del método, sino su verdadera raíz. Las mujeres que sostuvieron la psicodelia ampliaron lo posible y nos recordaron que el conocimiento no se mide solo en resultados, sino en relaciones: con el cuerpo, con la tierra, con los otros.
Hoy, colectivos como Chacruna Institute, ICEERS o Women on Psychedelics continúan ese legado, reclamando reciprocidad, diversidad y justicia en la investigación psicodélica. La nueva ciencia psicodélica será verdaderamente revolucionaria cuando deje de mirar desde arriba y empiece a escuchar desde adentro. Cuando entienda que sanar no es dominar, sino vincular.
Para hacer que esta revolución sea justa, es necesario que la práctica diaria se base en la decolonialidad y la ética del cuidado. Esto exige:
- Revisar el lenguaje: Nombrar es crear. Adoptar vocabularios que reconozcan la diversidad de saberes (enteógeno, ceremonia).
- Practicar la humildad cultural: Reconocer que la verdad no es monolítica y que cada experiencia está situada.
- Cuidar el acceso ético: Garantizar que los beneficios fortalezcan a las comunidades de origen, no solo a las élites y las empresas emergentes del sector psicodélico.
En este sentido, Contini retoma las palabras de Ann Shulgin: "Cada viaje es un parto". Esta metáfora nos recuerda que la nueva ciencia psicodélica no puede ser solo un avance técnico, sino un parto colectivo: un proceso lento, frágil y profundo que busca un conocimiento más justo.
Porque la verdadera revolución no está en la molécula, sino en el vínculo. Se trata de volver al cuerpo, a la comunidad y al cuidado para que la historia esté completa. La otra mitad del trip ya no es invisible; solo estaba esperando que aprendiéramos a escucharla.
Créditos y procedencia
Este artículo es una elaboración editorial y un análisis crítico basado en las ideas fuerza presentadas por la Dra. Pierangela Contini en su ponencia "De-colonizar la Ciencia Psicodélica: Reflexiones desde el Norte Global", durante las Jornadas Microdosis & Transformación 2025.
En su intervención, Contini abordó cómo la historia de la psicodelia reproduce formas de extractivismo epistemológico: la apropiación de saberes y experiencias sin reconocer su origen. Desde su mirada antropológica, la autora invita a revisar quién ha tenido voz en este campo y quién ha sido silenciado. El contenido de este artículo profundiza en estas reflexiones, fruto de su investigación y activismo en torno a la justicia cognitiva.
Mushverse agradece sinceramente su valiosa colaboración y la profundidad de las reflexiones compartidas en su charla.









